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Desde antes de que su metraje se proyecte, en la gran pantalla se puede leer: «Por consiguiente, tales expresiones o comentarios no necesariamente reflejan la posición o criterio de Cinemark, sus filiales, socios, ejecutivos, o colaboradores; quienes no han tenido participación ni injerencia en el planeamiento, ejecución y desarrollo de dicho documental». Un mensaje que por sí mismo revela el panorama político que envuelve la figura de Berta Cáceres y su trayectoria mundialmente conocida al proteger al río que «le hablaba»: el río Gualcarque y por consiguiente a esta película.

Dentro de los puntos que aborda Berta soy yo uno de los que más se resalta es la exigencia de justicia en el asesinato de la ambientalista ganadora del Premio Goldman en 2015. Después de la sentencia condenatoria a David Castillo a 22 años y 6 meses de prisión por la coautoría intelectual en el asesinato, familiares y compañeros de lucha de Berta Cáceres continúan exigiendo la judicialización de miembros de la familia Atala Zablah por sus nexos con la empresa Desarrollos Energéticos (DESA), la empresa responsable de la construcción de Agua Zarca.

El documental Berta soy yo: Justicia para Berta Cáceres

El documental evidencia las problemáticas de la justicia hondureña reflejadas en negligencia de las autoridades policiales y agentes de medicina forense en la investigación del asesinato, pero también en su conclusión pone responsabilidad en manos del Gobierno de la actual presidenta, Xiomara Castro, quien en su discurso de toma de posesión exclamó: «Justicia para Berta Cáceres» mientras enumeraba sus promesas de campaña.

La exigencia de justicia por parte de los pueblos indígenas es una constante en el presente hondureño. Hace unas semanas, Miriam Miranda, coordinadora de la Organización Fraternal Negra de Honduras (Ofraneh), ingresó al edificio del Ministerio Público junto con representantes de 46 comunidades garífunas o para protestar ante el nulo avance en las investigaciones de cuatro garífunas desaparecidos en 2020 y denunciar racismo institucional ante el menosprecio de representantes del Gobierno hacia los pueblos indígenas.

Precisamente es con la presencia de Miriam Miranda que Berta soy yo cuenta con uno de sus momentos más especiales. Las lágrimas en el velorio de una de sus compañeras de lucha social, a la que Miram se refiere como «hermana», y su narración de las anécdotas que las unían, comprueban el terrible panorama de violencia e injusticia que viven quienes lideran las resistencias indígenas y la protección de la naturaleza.

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