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Horas antes de su muerte, la luchadora social Berta Cáceres nos anotó los nombres de los intereses corruptos que se conspiraron para matarla. Utilizando esa clave, el documental arma el rompecabezas para ayudar a Berta a resolver su asesinato.

Berta soy yo: reivindica la tarea de Berta Cáceres

Cierta polémica se desató cuando el póster del reportaje se publicó, ya que la imagen de Milton Benítez no ocasionó mucho agrado en varios ciudadanos que no estaban de acuerdo con exponer tanto su imagen en lugar de dejar el espacio solamente para Berta Cáceres.

Katia explicó para Reportar sin Temor que después del asesinato de la ambientalista, quien fungía como narradora del relato de corrupción, «quedó un vacío».

Trataron de continuar con las grabaciones. Sin embargo, después de un año, las organizaciones que financiaban el proyecto comenzaron a pedir que se llenase el sitio del narrador para terminar el proyecto.

«Un cronista es ideal, especialmente cuando se tratarán temas de corrupción», afirmó Lara.

Además de esto, el acceso a las fuentes era algo que necesitaban para efectuar una buena película.

Benítez asistió a la producción en muchas ocasiones para la logística de las fuentes y también tenía una relación cercana con Cáceres.

«Milton tenía la cualidad de acceder a ese mundo político que yo no podía tocar», expresó.

Reconoció que, aunque es cierto ella habría podido obtener las entrevistas por su cuenta como cineasta, no iba a tener el mismo tono que una entrevista efectuada por un actor político.

En el mes de marzo de dos mil dieciocho, el equipo técnico tuvo una asamblea con la directiva para hacerle saber que no podían seguir con la grabación si no tenían a un narrador a quien proseguir.

Conforme Katia, tomaron la resolución grupal de seleccionar a Milton Benítez por ser el más capaz para ayudarles a navegar ese planeta.

El primer acto de la película tiene la presencia de Berta. Después de su muerte, se pasa la palabra al narrador y otros actores a fin de que sigan con el testimonio.

Katia catalogó el proceso de producción de Berta soy como un embarazo que tomó nueve años en gestarse a fin de que los hondureños puedan sentirse comprometidos a seguir la lucha de los cometidos que tanto se popularizan.

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